
Alguna vez escuche esta historia y hace poco la recordé:
Un sabio encontró a un muchacho cuando éste estaba buscando algo de rodillas.
"¿Qué andas buscando muchacho?"
- Mi llave la he perdido
Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el sabio:
"¿Dónde la perdiste?"
- En casa
"¡Santo Dios! Y entonces, ¿Porque la buscas aquí?
- Porque aquí hay luz.
Me he puesto a pensar que esto nos pasa a muchos de nosotros o tal vez a todos, no lo se. Lo que se es que las experiencias diarias en la vida en algunas ocasiones han sido desagradables, dolorosas y con un cierto sentir de desencanto.
En algunas ocasiones has fallado y la culpa invade todo tu ser, en otras piensas estar tan bien delante del Señor que te dedicas a ver los tropiezos de otros.
¿No es verdad?
Sea cual sea la razón lo cierto es que a veces perdemos nuestra llave.
¿De que vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?
Piensa en lo que haces, pero sobre todo cuida y guarda tu corazón porque de el mana la vida (Prov. 4:23) y examina si aun esta el Señor en el.
Con amor en Cristo